DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Milagro en vivo y en directo

Día 211

“Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir” (Juan 11:43-44).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 18:18-22; Marcos 11:22-26; Santiago 4:2-4; 5:13-16.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Un milagro requiere la participación humana. Es una asociación divino-humana. Nosotros creemos en Dios, obedecemos y depositamos los resultados en Dios: “Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto” (v. 41).

Un milagro depende de la oración, dos o más se ponen de acuerdo habiendo sido obedientes en unidad a Dios. En donde no hay división entre personas que se ponen de acuerdo, Dios obra milagros. Marta, María y Jesús estaban de acuerdo, eran obedientes en todo a Dios. Sucede en una comunidad en donde los creyentes se han perdonado y se aman los unos a los otros: “Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes” (vv. 41b-42a).

Un milagro sucede cuando la comunidad que lo pide tiene en mente más que nada que Jesús sea conocido, independientemente de los resultados de la oración: "Pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado" (v. 42b).

Un milagro sucede cuando Dios, el Creador de todo, y de todo lo nuevo, a través de su Palabra [Jesús], decide que así sea: “Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!”

El milagro no es un secreto. El milagro es público y es para testimonio de la iglesia y del mundo que no cree: “Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario”.

Un milagro se completa cuando se le da seguimiento al hecho sobrenatural y extraordinario de Dios. El milagro debe salir de la iglesia y tocar a aquellos que están cerca de aquel que recibió el milagro: “Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir”.