DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¿Por qué haces lo que haces?

Día 21

“Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado. Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando” (Juan 1:25-28).
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Lecturas adicionales:

    Malaquías 3:1-2; Juan 13:1, 12-15; 1 Corintios 9:16; 10:31; Filipenses 3:13-14; 1 Juan 1:7
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Juan el Bautista sabía quién era, cuál era su función en la vida. Juan vivía en la luz que había recibido. Su consagración era total y era íntegro en todo lo que hacía.

Siempre que hacemos la voluntad de Dios seremos cuestionados así como le sucedió a Juan.

Cuando conocemos quién es Jesús, nos damos cuenta de lo indignos que somos. En la época de Jesús, el menor de los esclavos era el que sacaba las sandalias de las personas que llegaban a las casas después de haber caminado por calles llenas de polvo y suciedad. Su tarea era desatar las sandalias, limpiar los pies, y limpiar las sandalias. Cuando la visita terminaba, o cuando el dueño de casa salía, la tarea de ese siervo era calzar a su amo. Era el más humillante de los oficios.

Juan sabe quién es él. Sabe cuál es su lugar. Él ni siquiera merece ser el más bajo de los esclavos, no es digno de desatar la correa de las sandalias.

Juan no sufría de baja autoestima. No, Juan era un esclavo al servicio de su Señor, y todo lo hacía por amor. Su vida era un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Hacía lo que hacía sólo para cumplir la voluntad de Dios, y para darle gloria a Él.

Es sobresaliente que en la vida de Jesús, al final de sus días, lo vemos haciendo la tarea del siervo más humilde, lavando los pies de sus discípulos. Lo vemos haciendo la tarea más difícil, muriendo por aquellos que Él ama, nosotros. Juan siguió su ejemplo como su precursor. ¡Qué ejemplo el que tenemos! ¿Sabemos por qué hacemos lo que hacemos?