DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Mi realidad

Día 20

“Confesó [Juan el Bautista], y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo... Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías...” (Juan 1:20-23).
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Lecturas adicionales:

    Isaías 40:3; Malaquías 4:5
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Juan el Bautista tiene claridad de quién es él. También tiene bien claro, cuál es la voluntad de Dios para su vida y su papel en el reino de Dios.

Tener la identidad correcta y saber cuál es la voluntad de Dios nos ayuda a ser transparentes en todo lo que hacemos.

Aquí tenemos una comparación entre Juan el Bautista y Jesús. Muchas veces nos comparamos con personas que según nuestra opinión, no las vemos tan “maravillosas” como nosotros mismos. Sin embargo, nuestra meta debe ser Jesús, así como lo describe Pablo en Gálatas 4:19: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros”.

Juan no negó a Jesús, él lo confesó. Juan no se adjudicó ningún privilegio, ni abusó su rol dándose privilegios que no le correspondían.

Demostró su humildad al decir exactamente quién era. Primero, dijo yo no soy el Cristo, no soy el Mesías, el Libertador del pueblo de Dios.

Cuando se le preguntó si era el profeta que Dios prometió, no se adjudicó el papel. Juan sabía que el profeta prometido en Deuteronomio 18:15, 18, era Jesús. Que Jesús es centro de la profecía y hacia quien apunta toda la profecía. Jesús es el Profeta de profetas.

Juan tampoco se adjudica la identidad de Elías. Él sabía quien era: Juan el Bautista.

La claridad de Juan en su identidad y su rol provienen de su relación íntima con Dios. Él estaba lleno con el Espíritu Santo. También provienen de un conocimiento profundo de las Escrituras. Juan conocía su realidad, sabía exactamente la razón de su existencia.