DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


La clave para la mejor relación

Día 190

"Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre" (Juan 10:17-18).
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Lecturas adicionales:

    Juan 3:16; Romanos 5:5, 8; 2 Corintios 13:14; Filipenses 2:4-5, 8; Colosenses 3:14; 1 Juan 4:18; 3:1.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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En este pasaje hay dos palabras que resaltan como un aviso luminoso: "POR ESO". Jesús revela la intimidad de su corazón y dice: "¿Saben cuál es la razón por la que me ama el Padre?" Esto inmediatamente nos da un llamado de atención a abrir los ojos, a escuchar con atención: ¿Por qué ama Dios a Jesús?

Inmediatamente Jesús dice: "Porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar". El Padre ama a Jesús por la actitud de Jesús. Porque Jesús no tiene ni una gota de egoísmo. Porque está dispuesto a darlo todo. Y todo, es todo, hasta la última gota de su sangre, sus energías, pensamientos e intenciones.

Jesús no hizo esto porque el Padre pudiera rechazarlo, o por miedo a la ira del Padre, o para sacarle algún beneficio al Padre. Lo hizo en completa libertad y con gusto. Él dice: "Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar... Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo".

El Padre ama a Jesús porque Él estuvo dispuesto a confiar en el Padre. Aceptó la misión que el Padre le dio, junto con las consecuencias de la misión: "Este mandamiento recibí de mi Padre".

Esta actitud de amor sacrificial, de darlo todo, de obedecer hasta las últimas consecuencias, de preocuparse aún por "otras ovejas". Esta es la razón por la que el Padre lo ama: "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Filipenses 2:9-11).

Jesús adoptó radicalmente el amor del Padre por nosotros. ¿Aceptaríamos de igual modo el amor de Jesús por nosotros y estaríamos dispuestos a reflejarlo sin importar las consecuencias?