DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¿Soy o estoy ciego?

Día 181

"Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece" (Juan 9:39-41).
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Lecturas adicionales:

    Lucas 11:34-35; Juan 3:17-19; Romanos 1:20-21; 1 Juan 2:11.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La pregunta de los fariseos que están con Jesús es la bisagra entre los dos versículos: "¿Acaso nosotros somos también ciegos?" Hay una diferencia entre estar ciego y ser ciego. En este caso ellos mismos preguntan si eran ciegos, no si estaban ciegos. Estar ciego es un estado, ser ciego es una condición. Estar ciego da la idea de algo temporal, ser ciego da la idea de algo permanente. Las dos condiciones son graves, pero el ser ciego pareciera no tener esperanza.

La presencia de Jesús nos pone en el puesto del acusado o del que está siendo defendido: "Para juicio he venido yo a este mundo". Jesús no viene a condenar en esta dispensación. Él viene a presentarnos el estado en el que nos encontramos espiritualmente. Su presencia brilla de tal manera que nos alumbra la conciencia y nos hace ver el estado en que nos encontramos: "Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo" (Juan 9:5). "... para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados".

"Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece". Su luz es para que nos acerquemos a Él, y viendo nuestro pecado, pidamos perdón. Sin embargo, muchos en vez de arrepentirse con tristeza por su pecado, se rebelan y traen sobre ellos condenación.

El asunto principal es que sabiendo que son pecadores, al ser expuestos a la luz de Jesús, rechazan la ayuda para la condición de ceguera espiritual. Esto trae una enorme tristeza a un Dios amoroso que ya proveyó limpieza, y perdón para el pecado a través de Jesucristo.