DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Cuando no sabemos qué hacer con un milagro

Día 176

"Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego... le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego… Y había disensión entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta" (Juan 9:8, 12-17).
  • Leer
  • Meditar
  • Escribir
  • Aplicar
  • Orar
  • Compartir

Lecturas adicionales:

    Salmo 112:4; Mateo 4:16; Lucas 9:23-24; Juan 9:5; 1:7; 2 Corintios 4:6; Romanos 8:15.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión


2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión

Los vecinos que vieron al ciego ver, querían ver a Jesús. El ciego que ve, aún no sabe dónde está Jesús.

El ciego no sabe y los vecinos deciden ir con los fariseos. Ellos no saben qué hacer con el ciego que ve, ni con el milagro. "Y había disensión entre ellos".

Hay sólo una opción para la familia del ciego y para los fariseos para poder recabar una información precisa, preguntarle al ciego: "¿Qué dices tú del que te abrió los ojos?"

En su luz de los asuntos de Dios, el ciego asume que si alguien lo sanó, al menos debe tener una relación íntima con Dios y por lo tanto tiene el poder de Dios: "Es profeta", dice él.

Es paradójico que un ciego que ahora tiene "luz", todavía esté ciego espiritualmente. ¡Necesitaba otro milagro! Necesita luz dentro de sí.

Un milagro en la vida de una persona no garantiza que tenga vida espiritual, que sea salva, libertada del pecado. Puede estar muy agradecida a Dios, pero aún tiene que arrepentirse, seguir a Cristo, invitarlo a morar en su corazón y comenzar a conocerlo más y más.

Tanto los fariseos, los vecinos del ciego y el ciego, tienen “a mano” un milagro, a alguien que hace milagros, pero en ellos aún no ha habido el “verdadero milagro” de tener comunión con Jesús, ¡el único que hace el verdadero milagro! ¡No saben qué hacer con el milagro!

Si tenemos un milagro busquemos a Jesús para que haga el mejor de los milagros, el de la salvación.

En Nazaret, Jesús “no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos...” (Marcos 6:5). No encontró recepción para el milagro de milagros.