DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¡Milagro!

Día 175

"Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy" (Juan 9:8-9).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 5:14; 6:33; Juan 10:10; Apocalipsis 19:20.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Un milagro es una señal cuyo propósito es atraer atención hacia Dios del que recibe el milagro y de quienes lo presencian.

Un milagro es para que Dios reciba la gloria: "para que las obras de Dios se manifiesten en él" (v. 3).

Los milagros causan controversia: "y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: El es; y otros: A él se parece".

Hay dos fuentes de milagros: de Dios o de Satanás.

Dios hace milagros a través de personas santas y fieles.

Los milagros satánicos tienen el propósito de dividir el reino de Dios, de desviar la atención de Dios, de LA LUZ a lo espectacular o a personas y congregaciones.

A veces con los milagros que provienen de Dios, Satanás trata de desviar a una congregación a concentrarse en los aspectos sobrenaturales de la presencia de Dios y no en la presencia de Dios.

Los milagros de Dios son “naturalmente” sobrenaturales. Si Dios está presente habrá milagros. Éstos siempre nos sorprenderán, pero deben llevarnos a dar la gloria a Dios, no al lugar, a la congregación, y menos a quien Dios usa.

Dios tiene un propósito con los milagros: Él quiere fortalecer la fe, darnos seguridad de que en Él hay poder sobrenatural. Él quiere restaurar y demostrar su amor y misericordia.

Sea como sea, debemos seguir adelante con el propósito y voluntad de Dios para nuestra vida, ya sea con milagro o sin milagro.

La prioridad número uno en la vida de un cristiano no son las añadiduras del reino, sino el Rey del reino, Jesucristo.