DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Acción Divina + Obediencia + Fe = Milagro

Día 172

"Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo" (Juan 9:5-7).
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Lecturas adicionales:

    Génesis 1:2-4; Mateo 7:28; 17:1-2; Juan 1:1-4; 12:36; Filipenses 2:15; 1 Juan 1:5.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Jesús vino a disipar las tinieblas: El pecado, enfermedad, poder infernal y carnalidad, aquello que daña a su creación.

Él es la "luz... del mundo". Jesús está restaurando a la creación. Su misión es ser LA LUZ, ¡brillar!

En este pasaje Jesús sana a un ciego. También lo invita no sólo a recibir sanidad física sino a recibir sanidad espiritual.

Es una invitación a que la oscuridad interna sea penetrada por la luz de Jesús, para que el ciego no sólo vea, sino que también brille y sea un luminar de su presencia entre otros.

El proceso del milagro es interesante y nos da algunos principios válidos en la forma en que Dios actúa.

Primero, Dios está activo todo el tiempo. Es un Dios creador que cambia el caos en orden. Hoy estamos bajo su gracia amorosa. Su Palabra es acción creadora.

En este caso Jesús usa una mezcla curiosa (lodo y saliva) para “encender” la fe del ciego y para dar un ejemplo de cómo ser la "luz... del mundo".

Segundo, Jesús da mandatos claros, concretos y posibles de cumplir: "Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado)". ¡El Enviado del cielo nos invita a participar de su misión! ¡Brillar!

¡Bendita asociación! La iniciativa divina y la participación humana.

Tercero está la obediencia a la Palabra de Dios. La obediencia conlleva en sí misma la fe, es decir, creer que su Palabra es verdadera y que lo que Él promete lo cumple; lanzarse a la protección amorosa de su destino. Si no estamos escuchando su Palabra, creyéndola y obedeciéndola, no habrá milagro.