DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Obediencia que produce vida eterna

Día 167

“Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis. Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga. De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Juan 8:48-51).
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Lecturas adicionales:

    Salmo 89:48; 119:11; Lucas 20:34-36; 1 Pedro 2:20-25.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Cuando una persona es confrontada con Jesucristo (que es la verdad) a través del Espíritu Santo, busca excusas para vivir en sus caminos pecaminosos. Los judíos decían: "tú eres samaritano, y... tienes demonio".

Una de las respuestas evidentes de rechazar la convicción de pecado es siempre apuntar el pecado en otro, en vez de confrontarse a sí mismo y decir “soy un pecador” (Salmo 51). Ven la paja, pero se olvidan de su viga (Mateo 7:3).

Cualquier excusa para no honrar a Jesús y para no seguirlo, deshonra al Padre y a Jesús.

Cuando alguien decide oponerse a Jesús, o simplemente no seguirlo, casi siempre está buscando su gloria y honra.

Nacemos inclinados al pecado (pecado original) y con la necesidad de llenar el vacío de Dios. Desde los primeros días de existencia comenzamos a llenarnos de nosotros mismos y a tornarnos idólatras [a adorarnos]. Lo triste es que entre más edad tenga una persona más difícil es de despojarse de ser “ídolo de sí mismo”. Sólo el poder y el fuego del Espíritu Santo puede destronar y destruir ese ídolo.

La palabra de Dios es la clave, tanto para convertirnos como para mantenernos fieles: Guardar la palabra de Jesús, leerla, escucharla, atesorarla y obedecerla (Salmo 119:11).

El resultado de guardar la Palabra, es decir obedecerla, será: "nunca verá muerte". No se refiere a la muerte física, significa que al morir, o resucitaremos con Él; o si no morimos, subiremos en las nubes con Él. Significa gozarnos de Él y de la presencia de Dios ahora y por toda la eternidad.