DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Aferrado a la fuente de poder

Día 162

"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos" (Juan 8:31).
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Lecturas adicionales:

    Salmo 119:11, 14-16; Juan 5:24; Efesios 4:14; Colosenses 1:23; 1 Timoteo 4:16.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Esta es la primera fase de la lección de discipulado de Jesús a "los judíos que habían creído en él". El primer paso del discipulado es creer en Él.

La segunda fase del discipulado es permanecer, es decir: no irse, no alejarse. Cuando creemos en Él debemos permanecer en Él, o sea, ¡aferrarnos a Él!

A donde Él vaya yo voy. A donde Él no vaya, yo no voy. Donde Él se quede, yo me quedo.

Permanecer en Él es como estar sumergido en Él, es lo mismo que saturarse de Él, o ser lleno de Él. Permanecer en Él, por lo tanto, significa estar en la plenitud de Él o ser lleno con el Espíritu Santo.

La tercera fase del discipulado es aprender a escuchar. Si no hemos aprendido a escuchar a otros, nos será muy difícil escucharlo a Él. Si aprendemos a escucharlo a Él, vamos a aprender a escuchar a otros.

Aprender a escucharlo a Él, es permanecer en su Palabra. Su Palabra nos alimenta, nos sustenta, nos da vida. ¡Su voz es vida!

La cuarta fase y lección es obedecer. No sólo es oírlo, sino hacer lo que Dios nos pida. Es una obediencia radical a Él. Obedecer es cambiar nuestros caminos, nuestra manera de ser.

El resultado de estas cuatro fases, creer, permanecer, escuchar y obedecer, es ser "verdaderamente mis discípulos". El ser un verdadero discípulo no es asunto de un momento, es un caminar constante. Continuar creyendo, permaneciendo, oyendo y obedeciendo. Es un proceso de por vida, y yo diría que un proceso eterno. La verdadera libertad se lleva a cabo cuando estamos encadenados a Jesús: permaneciendo en su Palabra.