DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


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Día 159

"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres..." (Juan 8:31-36).
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Lecturas adicionales:

    Deuteronomio 7:9; Salmo 46:10; Proverbio 1:23;Juan 1:18; 2:24-25; 7:17.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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En el capítulo 8, Juan comienza con el caso de una mujer que estaba en adulterio. Jesús la perdona y soluciona su condición. También trata con los que estaban juzgando a la mujer adúltera, dándoles convicción de pecado, pero ellos salen de su presencia. ¿Será que solucionaron su condición? Salir de su presencia siempre es indicador de que no queremos su solución. Permanecer en su presencia es conocerlo cada día más y más.

Después Jesús hace la declaración: "Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (8:12). Su vida, sus obras, sus palabras traen luz a las personas. Al estar en su presencia, su luz nos deslumbra; a medida que permanecemos en Él, su luz nos sana, y realmente nos da visión.

Inmediatamente dice que su testimonio y su juicio son verdaderos, pues Él tiene una relación íntima con Dios, el Padre. Jesús sólo habla lo que oye del Padre y hace lo que ve hacer al Padre. Su conocimiento no sólo es mental, es un conocimiento íntimo del Padre. Es tal la relación de Jesús con el Padre, que el Padre vive a través de Jesús y el Hijo a través del Padre. Más tarde Jesús diría que Él y el Padre son uno.

Ahora Jesús lanza una nueva declaración, y ¿por qué no?, una nueva profecía: "y conoceréis la verdad". Cuando los discípulos creen en Jesús, permanecen en sus palabras, y las obedecen, entonces conocerán la verdad, al mismo Jesucristo. Esta profecía se cumple sobre todo en aquel que quiere conocer a Dios.