DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Los pecados de los demás

Día 148

“Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio” (Juan 8:9).
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Lecturas adicionales:

    Eclesiastés 7:20; Mateo 5:7; Marcos 10:17-18; Gálatas 6:1-2; Efesios 2:1.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Un grupo de escribas y fariseos usan una a mujer atrapada en pecado, para intentar confundir a Jesús. Sí, el pecado debe ser denunciado, pero denunciado con amor, a la vez que la denuncia debe hacerse siempre teniendo en cuenta que es parte del proceso de restauración. Proverbios 16:6 dice: “Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal”.

La motivación de los escribas y fariseos era más bien mezquina y dañina. La mujer era un instrumento más para lograr sus fines malévolos de deshacerse de Jesús.

Jesús siempre va directo al corazón del asunto. La mujer tenía un problema de pecado, pero los acusadores también. Jesús no los acusa, Él sólo declara quién es el único que tiene derecho a condenar: "El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella" (Juan 8:7). Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo son los únicos "sin pecado". Nosotros, somos pecadores salvados por gracia, y si somos libres de pecado es por su poder en nosotros, así que no tenemos ninguna calificación para condenar.

Al fin de cuentas, lo único que queda en pie, es cada uno de nosotros enfrente del Dios todopoderoso. Al final de la escena, "quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio". Y cuando estamos solos ante Él, su propósito es restaurarnos y hacernos nuevas criaturas.

Los fariseos “acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros..." ¡La larga línea de espera para acusar, condenar y ejecutar el castigo, desapareció!