DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


El mejor entrenamiento para ser el mejor maestro

Día 146

"Y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba" (Juan 8:1-2).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 4:23; 21:23; Marcos 4:1; Lucas 11:1; Juan 5:19.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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“Jesús se fue al monte de los Olivos”, obviamente a orar. Hay tres acciones importantes que siguen a la oración de Jesús:

Luego de la oración Jesús regresa a donde está la gente: "por la mañana volvió al templo". La oración redirige nuestros pasos hacia donde están los necesitados, hacia la gente. El tiempo invertido a solas nos prepara para estar con los necesitados.

La oración atrajo a la gente hacia Jesús: "y todo el pueblo vino a él". La oración atrae a la gente a Dios. No nos equivoquemos y pensemos que la oración nos hará personas populares. No, el popular siempre es Dios. La presencia de Él atrae a muchos, pues saben que allí está el agua que sacia: "Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7:37b).

Además, la oración nos prepara para enseñar las verdades de Dios. Lo que enseñamos nunca debería ser contrario a la Palabra. La oración aclara y ratifica la palabra de Dios. La oración nos guía a encontrar los principios universales y pertinentes a toda generación de la palabra de Dios.

Otro punto que vemos de la oración es que aún Jesús siendo Dios, dependía completamente del Padre. No actuaba independientemente, haciendo lo que bien le pareciera. Todo lo consultaba con el Padre y pasaba noches enteras en su presencia.

Con mayor razón necesitamos nosotros pasar día a día tiempo en la presencia de Dios buscando la llenura y la dirección del Espíritu Santo.

Porque: “... No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6b).