DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Agua que produce vida

Día 140

"... Jesús... alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí... de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado" (Juan 7:37-39).
  • Leer
  • Meditar
  • Escribir
  • Aplicar
  • Orar
  • Compartir

Lecturas adicionales:

    Isaías 32:15; Joel 2:28; 2 Corintios 3:8; Gálatas 5:22-23.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión


2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión

Juan, el apóstol, casi al final del primer siglo, aproximadamente 65 años después de que Jesús dijera las palabras mencionadas en los versículos 37-38, explica a qué se refería Jesús: "Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado".

Jesús enseñó lo de beber de su sangre ("si alguno tiene sed, venga a mí y beba") el jueves antes de su muerte: "Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (Mateo 26:27-28).

El hambriento y sediento de Jesús es bienaventurado. ("Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados", Mateo 5:6).

Debemos tener en cuenta que la llenura del Espíritu Santo no es una bendición sólo para unos pocos. Toda persona que cree en Jesús y que lo ama, no debe permitir que esta fuente se agote en ningún momento.

Además de ser saciados tendremos para repartir como un río que se desborda con la presencia y el poder de Jesús. Juan explica que tal desbordamiento es la llenura o plenitud del Espíritu Santo después de la resurrección y ascensión de Jesús: "porque Jesús no había sido aún glorificado".

Los "ríos de agua viva" en la vida del creyente producen frutos exuberantes que nadie puede cuestionar. Son vida abundante y fresca para todo aquel que nos conoce y que por ende comienzan a ver a Cristo en nosotros.