DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Las apariencias engañan

Día 134

“... ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un hombre? No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (Juan 7:23b-24).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 7:3-5; 2 Corintios 5:12; Romanos 11:33.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Juzgamos todo el tiempo. ¡Es algo aterrador! ¿Has escuchado decir, que la primera impresión es la que cuenta? Somos expertos en dar juicios, sin conocer bien a las personas y las circunstancias. Antes de conocer a alguien damos nuestro primer juicio sólo por la apariencia. Y entre más arrogantes seamos, más fuerte el juicio; sin compasión y sin misericordia.

Por supuesto que unas pocas personas ya más maduras tratan de ver las cosas a través de los ojos de Jesús. Necesitamos estar llenos con el Espíritu Santo, para poder sentir el amor y la compasión de Jesús. A nosotros no nos corresponde juzgar, porque nunca conoceremos todos los hechos en detalle.

Somos personas finitas con muchas limitaciones, por lo tanto, nuestro juicio siempre es limitado, parcializado, y por lo tanto injusto.

La conclusión de Jesús en toda la controversia debido a que sanó a una persona el día de reposo es: "No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio".

Lo aterrador de este pasaje es que estaban juzgando nada más ni nada menos que al Justo, al Santo de Dios. ¡Qué atrevidos!

La multitud, al confrontarse con el Juez de jueces, lo halló culpable. Habían sentenciado a Jesús. Procuraban matarlo por ejecutar una acción justa, por sanar en el día de reposo. Pero ellos mismos mantenían excepciones a las leyes de Dios.

La clave en todo el asunto de juzgar es dejarle los juicios a Dios. Debemos denunciar lo que está mal y orar que Dios nos ayude a ser justos en nuestras palabras y percepciones.