DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Doctrina, ¿necesaria?

Día 132

"Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta" (Juan 7:16-17).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 7:28; 15:9; 16:12; Hechos 2:42; Efesios 4:14; 1 Timoteo 4:1.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La palabra clave de este pasaje es doctrina. En el original la palabra es didache, que también se puede traducir enseñanza y significa "una doctrina formulada y establecida".

Muchos se maravillaban de la enseñanza de Jesús y más, porque no había estudiado en las escuelas rabínicas de sus días (Juan 7:15).

Todo aquel que enseña sobre Dios, su vida, sus principios, sus hechos, presenta una doctrina. No hay manera de no tener una doctrina.

Jesús es muy específico de dónde proviene su enseñanza: "Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió".

La doctrina en la que basamos nuestras enseñanzas se manifiesta en nuestros actos. Nuestro hacer revela si nuestra doctrina proviene o no de Dios: "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta".

¡Es imposible hacer la voluntad de Dios si no conocemos sus enseñanzas! ¡La doctrina es importante! En 1 Timoteo 4:16 leemos: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”.

Necesitamos estar atentos a las enseñanzas de la palabra de Dios en su totalidad, pues en ella encontramos la verdadera doctrina. Encontramos que Jesús, el Mesías a quien el Padre envía como Salvador del mundo, estaba con el Padre desde antes de la creación y que todo fue creado por medio de Él y para Él. Si buscamos la verdad, la vamos a encontrar. Y Jesús es el camino, la verdad y la vida. Y sólo a través de Él seremos salvos.