DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Bendito Misterio (NO HAY OTRO COMO JESÚS)

Día 13

"… y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).
  • Leer
  • Meditar
  • Escribir
  • Aplicar
  • Orar
  • Compartir

Lecturas adicionales:

    Salmos 2:7; Juan 1:18; 3:16, 18; Romanos 8:15-16; Hebreos 1:5; 5:5; 1 Pedro 1:23; 1 Juan 4:9
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión


2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión

No hay mente humana que pueda comprender la Trinidad, la Encarnación y la calidad de Hijo de Dios que es Jesucristo, por lo tanto no hay palabras que puedan explicar tales misterios.

La palabra “unigénito” habla que no hay otro como Jesús.

Sólo Jesús ha visto al Padre, sólo Él puede revelar a Dios, sólo Él puede mostrarlo y demostrarlo.

Cuando menciona “unigénito del Padre”. Habla de la concepción de Dios [“del Padre”] para formar un ser único: Dios-Hombre. No hay otro como Él. No hay otro con sus privilegios, no hay otro con su autoridad y poder, no hay otro con su posición. No hay otro que pueda recibir adoración, honra y gloria.

De hecho, toda autoridad o poder que nosotros podamos recibir y presentar es derivado de Dios, y a través de Jesús, al morar el Espíritu Santo en nosotros. ¡Es presunción, orgullo, herejía e idolatría adjudicarse poderes sobrenaturales! Nosotros no los tenemos. Es Dios en nosotros quien nos usa y se manifiesta para su gloria: “Gloria como del unigénito del Padre”.

Al ser el “unigénito” es el amado especial del Padre. El único Hijo en todo el sentido de “filiación” (calidad total de hijo). Nuestra filiación o calidad de hijos es adoptiva y es engendrada por la venida de Dios a nuestra vida, haciéndonos renacer por la simiente bendita, y Jesús naciendo en nosotros, lo que nos da calidad de hijos, herederos y coherederos con Él.

Es un bendito misterio. Es inexplicable en Palabras, pero “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16).