DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¡Un muchachito!

Día 104

“Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos... Y tomó Jesús aquellos panes...” (Juan 6:9, 11).
  • Leer
  • Meditar
  • Escribir
  • Aplicar
  • Orar
  • Compartir

Lecturas adicionales:

    Proverbios 3:9-10; Mateo 10:42; 18:3; Marcos 10:29; Lucas 6:38, 6:30; 19:17; 1 Corintios 14:20; Filipenses 4:17-19.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión


2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión


Jesús ve una gran necesidad, ve una multitud con hambre. Jesús, incita la fe de Felipe, y éste ve sólo lo imposible. Andrés trae una estrategia, pero que él mismo duda si funcionará o no. Aún así, ejercita su fe. 

Me imagino a Jesús llamando al “muchachito”, agachándose para estar ojo a ojo con el niño, y diciéndole: “Necesito lo poco que tienes, confía en mí, por favor”. 

Veo al niño con los ojos fijos en Jesús, viendo como los niños ven, con confianza, y dándolo todo a Jesús. 

Creo que el niño no sabía para qué entregaba sus cinco panes de cebada y sus dos pececillos. Creo que vio en Jesús algo indescriptible que le inspiró confianza, y por lo tanto accedió a la petición amorosa. Él creyó en Jesús, cuando Jesús le pidió. ¡Fe sencilla y radical! 

Muchas veces somos como este niño. Aparentemente contamos con muy poco para suplir tanta necesidad a nuestro alrededor, pero a medida que damos pasos de fe, lo poco se convierte en mucho. Él es nuestra fuente inagotable de vida. Nuestra roca de donde fluye el agua, para saciar nuestra sed y la de todos los que quieran venir a Él. 

Nos asustamos, dudamos, no vemos la solución y hasta nos quejamos y tardamos tanto en aprender que en Jesús lo tenemos todo, desde el pan diario y “antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón de hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9).